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April
6
2007
Betijoque mi pueblo
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por Octavio Jelambi

Capítulo I

Cuentan los historiadores que tu nombre deriva de un bravo cacique llamado Pitijoc o Cuatro Palos. Hasta el siglo XVI fuiste una agitada aldea indígena, adquiriendo apenas en los albores del siglo XVIII categoría de Encomienda, en manos femeninas, para lograr al fin erigirte en Parroquia el año 84 del citado siglo; pero ya en 1668, su Encomendera había hecho constuir una Capilla, donde se construyó más tarde la Iglesia costeada por Doña Elena Pimentel de Bracho.

Tu desarrollo estuvo limitado por la avaricia de los Conquistadores y la aventura de pillos y piratas, que sin cesar te asediaron como a una doncella hermosa y próspera en tus primeros años.
Luego, entre cruentas e inútiles guerras intestinas y el diario quehacer de los malos políticos, rendiste a principios de este siglo el último aliento de prosperidad, ya que de 4.000 habitantes en 1891, pasaste a 2.000 en 1920. Fue solo hace apenas unas décadas, gracias al esfuerzo tesonero de tus hijos, que reconquistaste el puesto que justicieramente te toca en el Estado.

En 1877 contabas con una "Sociedad Progresista", de gran actividad cultural y social. Desde entonces conoces un continuado y floreciente desarrollo en los campos de la educación y bellas artes; la señorita Carmela Gando abre el año 1879 una Escuela para Niñas; los señores Manuel María Matheus y Manuel Cardozo B., inician en 1887 la publicación de "La Laja", el primer periódico local, manuscrito en papel "ministro", pues sabemos que la primera Imprenta la llevó Don Pílade Marcciani en 1891 y que la segunda, mucho más importante, la instalaron en 1912, el doctor Fernando Guerrero y los bachilleres Emiro Fuenmayor y Manuel Cardozo.

En la última década del pasado siglo tu desarrollo cultural continúa vertiginoso y firme; eras puntera del Estado, con una "Sociedad Filarmónica y Escuela de Música" desde 1890, dirigida por José María Pino, que luego pasó a ser la Banda Sanz Jelambi; así mismo contabas con el Colegio San Agustín, de renombre nacional.

Entras al siglo veinte, con Teléfonos, Telégrafo, Escuelas de Música, importantes Colegios, Imprentas, Periódicos y la nueva "Sociedad Unión y Progreso", bajo la diligente presidencia del doctor Fernando Guerrero.

Desgraciadamente, por una razón inexplicable, el Tren que te uniría al puerto de La Ceiba, fue desviado a Motatán el ańo 1891.

Sufres luego el azote de la temible Fiebre Amarilla o Vómito Negro, como le decía el pueblo; y es el propio Doctor José Gregorio Hernández, el Sabio Santo, quien llega solícito a prestarte ayuda moral y material. Agota tus campos la langosta y la Gripe Española cierra el ciclo nefasto.

Sin embargo, ya para los años veinte, tienes alumbrado y fuerza eléctrica y se inaugura la carretera hasta Valera, pasando por Isnotú, El Baño y Motatán



Capitulo II

Tu larga calle, única por muchos años, semejaba un sendero que unía el largo a la montaña, trajinado primero por los indios y luego por los Conquistadores y avaros mercaderes, para dar paso más tarde a los Libertadores.

Nadie te fundó, naciste sola a la vera de un camino real; aquello fue más bello que las más importantes fundación, pues se diría que floreciste a lo largo de una linda vereda bajo el influjo de un piache enamorado.

Fuiste posada, granero y también posta de guerreros, por ser paso obligado de los tantos viajeros que del lago venian, para seguir a todos los rincones del Estado.

Sería por eso que en 1860 un danés apellido Worm, pretendió construir el primer ferrocarril que te uniría a la Ceiba.

Tu inicial desarrollo urbanístico, una ancha calle real de norte a sur, alcanzó en poco tiempo magnitud kilométrica; luego nacen los barrios La Pueblita y El Cedro, siempre adosados a tu pintoresca gran vía.

Capitulo III

Geográficamente estas asentada en el último estribo del llamado contra fuerte de Caus, que termina en la quebrada La Vichú; riachuelo que nace en el cerro Carachito o Quibao y desemboca en el lago con el nombre de "Caño la Perla".

Un camino de recuas que arrancaba por el norte en Los Tiestos, bajaba en empinada costana empedrada hasta Pié de Cuesta, pasando más adelante por los siete vados de La Vichú, hasta llegar a Sabana de Mendoza; y por el sur, más allá de El Cedro, arrancaba el camino que conducía a Valera, adornado por un curioso y pintoresco puente techado.

A tu rededor crecieron aldeas, caseríos y villorrios, entre los que se destacan, Matan, La Aguada, Los Postreros, La Jira, La Trinchera, Vichú, El Corozo, El Pozo, Los Tiestos, Carachito, Pozo Largo, Altamira, El Algarrobo, La Amarilla, El Chucho, Vega Grande, Los Brazos, Peńa Blanca, Buenos Aires, Miquimó, El Zamuro, Canelones, Botijal y Barroso.

Eres el único distrito del Estado que se asoma al lago y remonta a la vez las empinadas cimas de los Andes.

Hasta bien entrado el siglo veinte no tuviste acueducto; tus habitantes bebían el agua cristalina y pura del manantial de La Abejita, mientras usaban la fuente del Borbollón para el baño y la lavandería.

Al oeste adornan tu hermoso paisaje las conocidas Piedras del Zamuro, de los Siete Pisos y de los Cuatro Vientos desde las cuales, en tiempo claro y tranquilo, puede verse el lago.

El Relámpago del Catatumbo iluminó por las noches el camino de los Conquistadores, piratas y guerreros que regresaban cansados a embarcarse en algún puerto lacustre.



Capitulo IV

Además de estos cantes de la bondad y de la ciencia, entras al siglo veinte con un importante grupo de médicos nativos: los doctores Juan de Dios Villegas Ruiz, Félix Rafael Páez, Jesús Peña Sánchez, Inocente Carballo, José Benigno Hernández, José Rangel, Pílade Marcciani, Jorge Monagas y Ricardo Palma Labastida.

Quiero recordar también a Monseñor Enrique María Dubuc, nacido en Moporo el 30 de Septiembre de 1886, pero betijoqueño integral; orgullo y honor del pequeño terruño, tribuno incomparable, destacado filósofo y obispo decoroso.



Capitulo V

En aquel tiempo, cuando yo todavía era un nińo, las hermanas Anita, Amalia y Josefa Alarza, operaban la Central Telefónica, instalada en 1910; también regentaban una Escuela Primaria, en donde yo aprendí las primeras letras.

Recuerdo muy bien la pulpería de Rafael Arguello y las tiendas de los Sanz y los Arjona; la chicha de Cecilia Torres; el pan y los biscochos de donde las Jugo Canaccie; los bollitos de anís, envueltos en hojas de bijao de casa de Filomena González; las cucas de Teresa Lujan; los besos de Carmela Ferrer; el manjarete de Ana María Naranjo y las asemas, turrones y buñuelos de Isabel Solarte.

En esa misma época asistí a la inauguración de la primera fábrica de hielo de doña Asunción La Riva de Castellanos. Entones se creía que el llamado "Tesoro de Correa'', con botijas repletas de oro, se encontraba en algún sitio entre El Cedro y la Pueblita, muy cerca de la quebradita que por el oeste bordeaba al pueblo. Uno de los principales buscadores del codiciado tesoro fue el indio Nicolás o Clavelito, fiel servidor y alambiquero de mi abuelo. Nicolás vivía en una casita construida a la sombra de un viejo bucare de gruesas espinas, y según cuentan hablaba con los muertos, que una vez le indicaron el sitio del "entierro", que perdió al parecer, por llegar tarde a la cita.

Cabe también recordar a dos personajes populares muy conocidos de ese tiempo: uno, Martín Graterol, el Farolero del pueblo hasta que se instaló el alumbrado eléctrico; y el otro, se hacia oír con facilidad, el bien llamado Rodríguez el "Gritón".

 
Capitulo VI

La celebración de las fiestas de la Virgen de la Candelaria, Patrona del pueblo, se dividía en tres partes: Las Vísperas, Las Misas y Las Fiestas propiamente dichas, que hasta hoy perduran durante el mes de febrero. Después de misa, en muchas ocasiones, se organizaban grandes paseos a la hacienda "Los Potreros" de don Ciríaco Matheus.

Desde fecha perdida en la historia de la ciudad, el 25 de diciembre, sale de Sabana Grande el querido y venerado negro "San Benito'"; el mismo que encontró una vez Rito Moneada en la sabana de Cheregué; pasa su procesión por Sabana de Mendoza, para llegar al atardecer a las Trincheras, en donde se une todo el pueblo, que baila el "Chimbanguele" junto con sus vasallos enloquecidos, al son del tambor alucinante.

Hoy solo te quedan esas dos viejas y queridas tradiciones: San Benito, con su rito pagano, muy negroide y la piadosa fiesta de La Candelaria.

Aquel pueblo de poetas y músicos, de dulces serenatas y de las mañanitas de aguinaldos, ya se fue; solo queda el recuerdo en sus viejas casonas, con sus grandes corrales y jardines floridos; sus quebradas languidecen polutas y los pájaros ya no anidan en los viejos aleros; aquellos "álbumes de confidencias" no se escriben, porque las Jugo, Rincón, Sanz, Dubuc, Méndez, Matheus, Alarza, Cardozo, Negrón, Canaccie, Arjona y otras más, ya no están. Hoy vive un nuevo Betijoque, altanero, bullicioso, activo, pero también sincero, trabajador y austero, como un bien heredero de sus antepasados.

Por eso he vuelto, a saludarte y decirte lo mucho que te quiero, como un buen hijo amante agradecido.

 

Last Updated on Saturday, 25 April 2009 16:43
 

Comments   

 
0 #1 adri_bella 2012-04-23 21:08
holaaaa...!!! :lol:
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